

El peronismo tiene muchas discusiones.
Tuvo diferencias, internas, matices y debates desde el mismo día en que nació. Y probablemente siga siendo así, porque es un movimiento vivo, atravesado por la realidad y por las tensiones propias de representar a millones de argentinos distintos.
Pero hay algo que la historia enseñó una y otra vez: cuando el peronismo se rompe, el pueblo la pasa peor.
Por eso hoy, en un momento social y económico tan delicado, hace falta volver a decir algo simple, pero fundamental: el adversario está enfrente, no al lado.
Mientras el gobierno nacional ajusta salarios, paraliza la obra pública, golpea a jubilados y trabajadores y abandona a los municipios a su suerte, hay quienes todavía creen que el principal problema está dentro del propio campo popular.
Y ese es un error político enorme.
Las diferencias pueden existir.
Las discusiones también.
Incluso las ambiciones personales son parte natural de la política.
Pero ninguna construcción individual puede estar por encima de la responsabilidad colectiva de defender a nuestra comunidad en un contexto cada vez más difícil.
Porque hoy no se gobierna en tiempos fáciles.
Se gobierna con recortes nacionales, con menos recursos y con un Estado nacional que decidió correrse de muchas de sus obligaciones históricas.
Y aun así, la gestión municipal sigue presente.
Con servicios y con presencia territorial, que se nota en circunstancias climáticas como las que estamos viviendo estos días.
En tiempos de crisis, la política no puede convertirse en un campeonato de egos. Tiene que transformarse en una herramienta para sostener a la comunidad.
Por eso hoy más que nunca hace falta madurez política.
Entender que discutir no puede significar destruir.
Que militar no puede significar dinamitar al compañero.
Y que ningún proyecto personal vale más que la necesidad de construir una alternativa fuerte frente a un modelo nacional que está dejando a miles de argentinos afuera.
La sociedad no espera dirigentes peleándose entre sí mientras la gente no llega a fin de mes.
La sociedad espera responsabilidad.
Y el peronismo, cuando estuvo a la altura de la historia, siempre entendió que primero está la Patria, después el movimiento y finalmente los hombres.
La unidad no significa pensar todos igual.
Significa entender prioridades.
Y hoy la prioridad está clara.
Defender a nuestra gente.
Sostener la gestión.
Y construir, entre todos, una esperanza colectiva frente a un modelo que solo ofrece ajuste, confrontación y desigualdad.
Porque el enemigo está enfrente.
Y nunca fue el compañero.












