Viajar no es lo mismo que gestionar

El Zorzal
Política 19 de abril de 2026La OlaLa Ola

IMG-20260419-WA0085 En política, no todo es lo mismo, aunque algunos se esfuercen por hacerlo parecer.

Viajar no es lo mismo que gestionar.

Moverse no es lo mismo que trabajar.

Y ocupar un cargo no es lo mismo que ejercerlo.

En estos días, volvieron a aparecer críticas livianas, casi automáticas, sobre los viajes al exterior del gobernador Axel Kicillof. Las mismas voces de siempre, con el mismo libreto de siempre: cuestionar sin contexto, atacar sin explicar.

Pero la realidad es bastante más clara.

Cuando Kicillof viaja, lo hace con una agenda concreta: buscar inversiones, fortalecer vínculos productivos, abrir mercados, sostener relaciones institucionales que permitan que la provincia de Buenos Aires siga teniendo obra, empleo y desarrollo en un contexto nacional adverso.

No son viajes de exposición.

Son viajes de gestión.

Son reuniones con empresarios, organismos internacionales, gobiernos extranjeros. Son horas de trabajo que no se ven en un video de redes sociales, pero que después se traducen en infraestructura, financiamiento y oportunidades.

Porque gobernar una provincia como Buenos Aires no es opinar desde un atril. Es conseguir recursos en un escenario económico cada vez más complejo.

Del otro lado aparece Manuel Adorni, referente de un gobierno que hizo de la crítica a la política su principal bandera.

Y ahí es donde aparece el contraste incómodo.

Porque mientras se cuestiona cada movimiento de quienes gestionan, se vuelve difuso —cuando no directamente inexplicable— el sentido de algunos desplazamientos y decisiones propias. Porque cuando el discurso es austeridad total, cada acción debería estar a la altura de esa exigencia.

No se trata de una competencia de kilómetros recorridos.

Se trata de para qué se viaja.

Si el objetivo es generar trabajo, atraer inversiones y sostener el funcionamiento de una provincia, el viaje es una herramienta de gestión.

Si el objetivo no está claro, el problema no es el viaje.

Es la coherencia.

La política argentina está llena de debates superficiales que buscan igualar situaciones que no son iguales. Y en ese intento, se diluye lo más importante: el sentido de la función pública.

Porque no es lo mismo administrar una provincia que comunicar desde un escritorio.

No es lo mismo gobernar que comentar.

No es lo mismo hacerse cargo que señalar.

Viajar puede ser un gasto o una inversión.

La diferencia está en el resultado.

Y cuando los resultados están a la vista, la discusión deja de ser ideológica.

Pasa a ser evidente.

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