
La inseguridad es uno de los problemas que más preocupan a los vecinos. Y con razón. Cada hecho delictivo genera angustia, bronca e incertidumbre. Por eso mismo, cuando se habla de seguridad pública, debería hacerse con responsabilidad, conocimiento y compromiso real.
Sin embargo, en tiempos donde abundan las redes sociales y los micrófonos abiertos, pareciera que opinar se volvió más importante que conocer.
En General Alvarado asistimos cada vez con más frecuencia a un fenómeno preocupante: sectores de la oposición que intentan utilizar el miedo y la preocupación de los vecinos como herramienta de especulación política. No para aportar soluciones, sino para construir discursos alarmistas que terminan generando más confusión que respuestas.
En ese esquema ocupa un lugar central un foro de seguridad que, lejos de haberse convertido en una herramienta moderna de participación ciudadana, parece haberse transformado en una caja de resonancia de sectores que encuentran en la crítica permanente una forma de hacer política.
Resulta llamativo que quienes hoy pretenden presentarse como referentes indiscutidos en materia de seguridad hayan tenido largos años de participación institucional sin que ello se tradujera en transformaciones significativas para la comunidad.
Porque la seguridad no se resuelve con declaraciones grandilocuentes ni con comunicados que parecen escritos para otra época. La seguridad requiere planificación, coordinación entre distintos niveles del Estado, inversión, prevención y trabajo cotidiano.
Algunos hablan de seguridad con la misma autoridad con la que un espectador de televisión podría pretender enseñarle a operar a un neurocirujano. Creen que haber leído un titular, participado de una reunión o escrito un comunicado los convierte automáticamente en especialistas.
También resulta curioso observar cómo algunos policías retirados , que jamás fueron jefes de nada, descubren una vocación repentina de especialistas en seguridad una vez que dejan el uniforme. Hablan con tono sentencioso, reparten diagnósticos y ofrecen soluciones inmediatas como si la complejidad del delito pudiera resolverse desde una mesa de café o una publicación en redes sociales.
La realidad exige mucho más que diagnósticos simplistas. Exige conocer el territorio, comprender las estadísticas, dialogar con las instituciones y construir soluciones posibles.
Los vecinos necesitan respuestas. No actuaciones.
Porque cuando la inseguridad se transforma en una herramienta de especulación política, quienes terminan perdiendo son siempre los mismos: los ciudadanos que esperan soluciones concretas y reciben, en cambio, discursos repetidos.
Hace falta menos protagonismo individual y más trabajo colectivo.
— El Zorzal





Reunion con la Subsecretaria de Habitat Desarrollo de la Comunidad Buenos Aires




