Primero de Mayo: cuando trabajar vuelve a ser resistir

Por El Zorzal
03 de mayo de 2026La OlaLa Ola

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Hubo un tiempo en que el Día del Trabajador era una celebración de conquistas.

Derechos ganados.

Paritarias.

Vacaciones.

Indemnización.

Jornada laboral limitada.

Salario digno.

Nada cayó del cielo.

Cada derecho fue producto de lucha, organización y trabajadores que entendieron algo fundamental: que solos eran débiles, pero unidos podían cambiar la historia.

Por eso el Primero de Mayo nunca fue solamente una fecha.

Fue memoria.

Memoria de los que pelearon.

De los que fueron perseguidos.

De los que dejaron la vida para que el trabajo no fuera sinónimo de explotación.

Y justamente por eso, este Primero de Mayo encuentra a millones de argentinos con una sensación amarga: la de estar viendo cómo muchos de esos derechos vuelven a ponerse en discusión.

El gobierno de Javier Milei no oculta su mirada sobre el mundo laboral. Lo dice sin rodeos: considera al Estado un estorbo, a los sindicatos un enemigo y a los derechos laborales un costo que hay que reducir.

Detrás del discurso de la “modernización” aparece siempre la misma receta: flexibilización, pérdida de poder adquisitivo, ajuste y precarización.

Y mientras tanto, la realidad golpea.

Salarios que corren atrás de los precios.

Despidos.

Cierre de industrias.

Comercios vacíos.

Jubilados ajustados.

Trabajadores que aun teniendo empleo no llegan a fin de mes.

La famosa “libertad” termina siendo, para muchos, la libertad de elegir entre pagar la luz o comprar alimentos.

Pero hay algo más profundo todavía.

Lo que se intenta instalar es una idea peligrosa: que reclamar está mal. Que organizarse molesta. Que defender derechos es un privilegio.

Y ahí es donde la historia vuelve a enseñarnos algo importante.

Cada vez que quisieron avanzar sobre los trabajadores, primero intentaron desacreditar a quienes los representan.

Dividir.

Desmovilizar.

Generar miedo.

Porque un trabajador solo es más fácil de ajustar.

Por eso este Primero de Mayo no es solo una conmemoración.

Es también una advertencia.

Los derechos laborales no son regalos de ningún gobierno. Son conquistas colectivas. Y lo que no se defiende, se pierde.

Frente a un modelo económico que concentra riqueza arriba y distribuye sacrificio abajo, la organización vuelve a ser necesaria. No como consigna vacía. Como herramienta de supervivencia.

Porque cuando el mercado decide todo, los más débiles siempre quedan últimos.

Y porque en la Argentina, cada vez que el trabajo perdió valor, lo que creció no fue la libertad.

Fue la desigualdad.

Este Primero de Mayo encuentra a muchos trabajadores cansados, golpeados y preocupados. Pero también encuentra algo que sigue vivo pese a todo: la memoria de lucha.

La misma que permitió conquistar derechos.

La misma que resistió ajustes.

La misma que siempre vuelve cuando quieren convencer al pueblo de que resignarse es el único camino.

Feliz Día del Trabajador para los que no se resignan.

Para los que siguen peleando.

Y para los que saben que la dignidad no se negocia.

— El Zorzal

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